Al leer los posts individuales de este sitio aparecen, al azar, figuritas relacionadas con los juegos de ingenio. (Pruebe con un post cualquiera.) Es el turno de tres imágenes que no necesitan presentación: el Cubo de Rubik o Cubo Mágico, de 3×3×3; el cubo de 2×2×2 (conocido como Pocket Cube o Mini Cube), y el cubo de 5×5×5 (que a veces se vende como Professor’s Cube). El espíritu curioso puede visitar el sitio oficial, una comunidad de coleccionistas y otra de aficionados al speedcubing o —se lo merece— la página de la Wikipedia dedicada a Ernő Rubik. El reverdecer de la cubomanía durante los últimos años inspiró una inagotable producción de rarezas o curiosidades; aquel construyó un cubo con acrílico e imanes; un robot lo resuelve en pocos segundos; el cubo de 20×20 es forzosamente virtual.
Qué fácil parece cuando se lo ve ya hecho. La imagen muestra la manera de dividir un cuadrado en seis piezas que luego formen un dodecágono regular. La descubrió —o quizás inventó— Harry Lindgren, un aficionado a las disecciones geométicas, en 1951. Pero es apenas un pequeño milagro. El catálogo que mantiene Gavin Theobald detalla transformaciones asombrosas: de un triángulo a un pentágono en seis piezas; de un cuadrado a un hexágono en cinco piezas; de un decágono a una estrella de cinco puntas en seis piezas. El cuadro informa del récord actual para convertir cualquier polígono regular en cualquier otro; quien reduzca una marca puede pasar a la historia. Actualmente, la mayor autoridad mundial en disecciones es Greg N. Frederickson. En su sitio hay abundancia de material atractivo y enlaces provechosos.
En una pizarra se anotan los números del 1 al 20. Por turno, dos jugadores agregan signos más o menos entre los números. Al final se efectúa la operación; si el resultado es par gana el primer jugador, y si es impar gana el segundo. ¿Quién tiene ventaja? ¿Cuál es la estrategia para ganar siempre?
— Propuesto por Benjamín Buritica Trujillo en noviembre de 1998
La máquina que muestra el video, construida con madera y bolitas de vidrio, es capaz de sumar en binario. El audio está en inglés, pero casi no hace falta escucharlo. El autor tiene una página donde explica cómo la construyó y ofrece los planos. En este otro video se describe el funcionamiento con más detalle.
Hugo Sánchez, de Caracas, amablemente nos envía un artículo de Mario Calderón, profesor de la Universidad de Puebla, que se llama «La independencia mexicana a través de la significación del lenguaje». En el artículo se examinan diversos eventos y actores de la independencia mexicana relacionándolos con el significado de sus nombres. Así, Ignacio Allende, uno de los primeros que asume en México las ideas revolucionarias llegadas de Francia, tiene un nombre que se deja interpretar como «fuego de la parte de allá», mientras que el nombre de Mariano Matamoros puede traducirse como «hombre marcial que mata o aniquila a los que son de bando distinto».
Nos parece que el autor se excede un poco en su ansia interpretativa, pero el artículo contiene una cita del psicólogo Carl Gustav Jung que nos resultó muy interesante, porque describe con exactitud el fenómeno de los predestinados que tanto nos divierte en este sitio.
Uno se ve en apuros para determinar cómo ha de interpretarse el fenómeno que Shekel denomina «la compulsión del nombre». Se trata de una en parte grotesca coincidencia entre el apellido y las peculiaridades o la profesión de un hombre. Así, por ejemplo, el señor Gross [grande] padece de megalomanía, el señor Kleiner [pequeño] tiene un complejo de inferioridad. Dos hermanas Altmann [hombre viejo] se casan ambas con hombres que le llevan veinte años de edad; el señor Feist [obeso] es ministro de alimentación; el señor Rosstäuscher [chalán tramposo] es abogado; el señor Kalberer [comadrón veterinario] es partero [...] ¿Trátase aquí de absurdos caprichos del azar o de un efecto sugestivo del nombre, como parece suponer Shekel, o de «coincidencias significativas»?
Una pequeña exploración nos lleva a la página de la Wikipedia sobre nominative determinism, que ofrece muchos ejemplos de predestinados en inglés. Allí hacen una sutil distinción con los aptronyms: en este caso sólo se señala la concidencia, en aquel se postula además que el nombre influye activamente en las decisiones vitales de su portador. También citan al mismo Jung refiriéndose a los grandes protagonistas de la psicología de su época:
Herr Freud [alegría] defiende el principio de placer, Herr Adler [águila] la voluntad de poder, Herr Jung [joven] la idea de renacimiento…
Hace un par de años habíamos tenido una primera aproximación a lo que se podría llamar pareidolia cartográfica, es decir la habilidad de reconocer figuras o siluetas en el contorno de los mapas. Hay casos simples y bien conocidos; tanto Italia como la provincia argentina de Santa Fe son indiscutibles botas. Figuras más complejas pueden requerir la participación de varios países o regiones.
En el siempre satisfactorio weblog Strange Maps, dedicado a exhibir y comentar mapas inusuales, hay un buen número de ejemplos de esta habilidad. Muchos son antiguos; predomina la intención alegórica.
También se menciona el libro Geographical Fun: Being Humourous Outlines of Various Countries, publicado en 1869 por William Harvey, donde las fronteras de doce países europeos de la época adquieren la figura de estereotipos nacionales: un prusiano belicoso, un cosaco ruso de espaldas a un oso, una matrona irlandesa. Cada ilustración viene acompañada de un versito alusivo. Por supuesto, Inglaterra, la patria del autor, resulta notoriamente favorecida.